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Transición en Venezuela: realidad vs. debate – Parte I –

“Cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres”, este ha sido el mantra de la esperanza de la mayoría de los venezolanos que anhelan un cambio de rumbo para la ya agotada y exhausta Venezuela. Era esta frase, en resumen, la “ruta estratégica definitiva” esgrimida por quien asumiera el cargo de presidente interino de la República el 23 de enero, ante la exigencia de todo un país, para lograr el cambio.

No quisiera extenderme explicando los “resultados” de dicha “estrategia”, pues la verdad es que esos resultados son evidentes para todos los que hacemos vida en el país. Sin embargo, tomé la iniciativa de redactar esto para contextualizar y conceptualizar una idea, una etapa de esta estrategia que, misteriosamente, ha sido la más debatida desde que empezamos a transitar este ya largo camino: la transición.

Una transición política puede entenderse como el proceso de cambio que conduce a la democratización o redemocratización de una sociedad que vive bajo un régimen político de carácter autoritario.

Las transiciones políticas de un régimen autoritario a uno democrático tienden a presentar características disímiles unas de otras, siendo algunos casos más sencillos y menos traumáticos que otros.

Estas características pueden englobarse en tres niveles de análisis que pasan por: el estudio de las variables que definen al régimen autoritario previo a la transición (en cuanto al nivel de poder real y desinstitucionalización de las sociedades); el punto de justificación de la crisis, el cual contribuye a la división de la clase política dominante; y la estrategia final sobre el logro definitivo de la transición (con respecto a si será una refundación total del sistema o una recuperación parcial del régimen político anterior).

Se pudiera afirmar que éste sería el modelo ideal de transición en Venezuela, sobre todo porque se plantea que la última etapa (la ejecución formal de la transición) debe comprender un periodo no mayor a dos o cuatro años (ya que rara vez las transiciones han tomado más tiempo), sin embargo, el modelo no parece ser aplicable a nuestra realidad. Para demostrarlo utilizaremos los niveles de análisis del mismo modelo y tomaremos situaciones reales del contexto venezolano que, al ser un caso único, necesita un abordaje diferente.

El régimen

Las características del régimen son evidentes ante los ojos cualquier observador objetivo. Basta señalar que el sistema político instalado en Venezuela entra en la categoría de una tiranía de corte socialista, movida por intereses antioccidentales y negocios ilícitos. Esto le da al régimen de Nicolás Maduro un poder arbitrario y hegemónico dentro de las decisiones políticas, mientras que cede abiertamente soberanía a sus aliados extraestatales dentro del territorio.

Esto ha profundizado la crisis política que se expresa en la desintegración del Estado venezolano y la fractura institucional del gobierno. Al ceder soberanía territorial para conservar aliados extraestatales, la capacidad de movilización de recursos y el ejercicio efectivo de la violencia en todo el territorio se ve afectado, lo cual provoca que Venezuela sea dividida -en la práctica- en diversos territorios controlados por estos grupos, eliminando así la capacidad principal del Estado de ejercer violencia legítima en dichas zonas.

En el caso de la fractura institucional, se evidencia con fuerza la pérdida del Estado de Derecho mediante los reiterados fraudes electorales y la reciente división del Ejecutivo nacional en dos cabezas: Nicolás Maduro y Juan Guaidó.

Articular esta situación para dar paso a una transición política negociada ha sido la “estrategia” desde el 23 de enero de este año. En primer lugar, se buscó mediante la presión internacional que el régimen abandonara el poder de manera pacífica, aceptado la Ley de Amnistía, esto no funcionó.

Posteriormente, se buscó consolidar un Golpe de Estado militar que provocara que Nicolás Maduro fuera depuesto del cargo, tampoco dio resultados. Finalmente, y ante la arremetida de reestructuración del régimen mediante la persecución contra la Asamblea Nacional, se optó por la vía del diálogo entre las partes para forzar una solución negociada, esto también resultó en un rotundo fracaso.

Los hechos demuestran que una transición negociada no es posible en este contexto. El régimen se encuentra completamente a la defensiva, sus negocios e intereses son muy profundos, las violaciones de derechos humanos y la arbitrariedad le prohíbe abandonar el poder, pues es su única garantía de impunidad; aceptar cualquier otra vía implica más riesgos que beneficios -es su lógica particular-.

Ante los fracasos, evidenciados en tres etapas diferentes, es necesario ubicar un modelo que garantice una redemocratización real del país y que permita que los venezolanos puedan ver nuevamente renacidas sus esperanzas, atendiendo a nuestras características particulares y nuestra naturaleza. De esto hablaré en una segunda publicación.

Alcántara, M. (1992). Las transiciones a la democracia en España, América Latina y Europa Oriental. Elementos de aproximación a un estudio comparativo. Revista del Centro de Estudios Constitucionales: Madrid

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