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Transición en Venezuela: realidad vs. debate – Parte II –

En el artículo previo observamos cómo no es posible seguir una transición tradicional en la Venezuela actual. La diversidad de factores y variables que prohíben a la cúpula gobernante ceder el poder es infranqueable; no es posible lograr una solución negociada sin una amenaza real de fuerza. Además, el proceso de transición será más profundo y complicado de lo que en 12 meses se puede realizar con el “Plan País” presentado por el presidente interino, Juan Guaidó.

La historia no se detiene. La buena noticia es que, al convertirse el régimen en una amenaza para todo el continente, tarde o temprano Occidente extirpará el tumor maligno para dar paso a una delicada y cuidadosa recuperación; esta es la verdadera transición que afrontará el país, transición que ha de ser autóctona, no puede dejar de lado nuestra forma de ser.

Este es el modelo expuesto por Ramón Díaz Sánchez, historiador, novelista, periodista y político venezolano, destacado en el ámbito literario, sin dejar de lado sus inclinaciones políticas y su interés de legar un futuro mejor a sus coterráneos. Su modelo de transición, expuesto en su libro Transición (política y realidad en Venezuela), publicado en 1937, es uno de los primeros textos en tratar el tema desde un punto de vista político, siendo un venezolano el primero en escribir sobre la transición, mucho antes que en España se escribiera sobre ello.

El modelo planteado no puede ser tomado completamente para abordar la solución al problema venezolano actual, sin embargo, una vez derrocado el régimen de Nicolás Maduro, es necesario tomar en cuenta las variables expuestas en el texto para entender cómo debe seguirse efectivamente la transición de un modelo tiránico y despótico de izquierda a una República de corte liberal que garantice todas las libertades individuales.

La primera de las variables expone la necesidad de abandonar el tradicional exotismo de los intelectuales y los políticos venezolanos, el cual ha determinado siempre la actuación y las pugnas de estos en materia política, “han estado siempre deformadas en nuestro país por ese sentido novelesco que tiene lo importado: la niña bien fuma cigarrillos egipcios; el joven literato pone todo su orgullo en escribir ‘novelas rusas’; el doctrinario, en implantar regímenes extraños”.

Por otro lado, la ilusión de la división de poderes y la utopía del voto ha sido siempre parte del problema político fundamental venezolano. Con respecto al primer caso, el Ejecutivo es el que siempre amasa todo el poder, mientras que los demás poderes son solo teóricos “de un platonismo conmovedor”. En cuanto al segundo caso, el voto siempre ha sido una cruel utopía en Venezuela, donde el poder no se conquista sino por dos maneras “por la astucia o por la fuerza”.

Si a estos casos le sumamos que el venezolano es ajeno al comunismo en cuanto a que “sus raíces espirituales se hunden precisamente en esa tierra que los comunistas pretenden remover con bombas: la propiedad y la aspiración individualista a subir y mandar a fuerza de méritos personales”, entonces tenemos que lo más sensato es crear un modelo que permita atender y no obviar estas cuestiones, dando solución a lo que se necesite y aprovechando las ventajas de ello.

De esta manera, una vez depuesto el sistema total que impide históricamente liberar las verdaderas capacidades creadoras del venezolano, es necesario tomar en consideración cuatro puntos de vital importancia para la transición: educación, economía, reorganización social y militar, y recuperación de la República. Si estos cuatro pilares son cuidadosamente levantados en paralelo en el proceso de transición luego de la destructiva revolución socialista, Venezuela podrá dar de nuevo los pasos necesarios hacia la recuperación total.

Por motivos de extensión no es posible desarrollar las acciones de cada uno, sin embargo, el objetivo del desarrollo de estos artículos es señalar la imposibilidad de una transición negociada y exponer la necesidad de planificación de una verdadera transición hacia un nuevo sistema político, tomando en cuenta nuestras particulares características.

A pesar de los intentos internos de frenar el decaimiento del sistema político actual, el mismo tiene los días contados. El chavismo, heredero del sistema populista inaugurado en 1958, ha sentado las bases definitivas de la destrucción total de las formas “tradicionales” de hacer política, lo que dará paso inexorablemente a nuevas formas que deben guiar el proceso de transición necesario de la nueva Venezuela.

Finalmente, según Díaz Sánchez, todo proceso de transición que no esté fundado sobre las características de Venezuela “está destinado a fracasar si no se da un viraje brutal hacia la tierra nativa, afrontando sus tosquedades con todo el valor y toda la ingenuidad que su primitivismo reclama”.

La transición debe, pues, encargarse de garantizar que la capacidad creadora del venezolano no encuentre trabas y que los vicios que nos caracterizan sean subyugados en tanto afecten a nuestros compatriotas, todo esto mediante la promoción de una educación reformada, la recuperación de los valores venezolanos, la promoción de la propiedad y la libre empresa, la reestructuración de nuestras Fuerzas Armadas y la eliminación de lacras sociales y la reconstitucionalización del Estado para eliminar cualquier rezago comunista ajeno a nuestras tradiciones.

Solamente mediante el abandono de la idea del rebaño y la liberación del venezolano será posible superar la desgracia y recuperar definitivamente a Venezuela.

Díaz, R. (1983). Transición. (Política y Realidad en Venezuela). Academia Nacional de Historia: Caracas.

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