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El relativismo moral de los políticos venezolanos

Cuando el relativismo moral se absolutiza en nombre de la tolerancia, los derechos básicos se relativizan y se abre la puerta al totalitarismo. Benedicto XVI.

A propósito de los hechos de corrupción en Venezuela puestos al descubierto estos días, se me ha ocurrido traer mi hilo del pasado 20 de octubre, en el que me desahogué como cuando liberamos la válvula de la olla de presión ante los insistentes tuits de la plantilla de influencers e intelectuales que trabajan para “la oposición” venezolana.

Tantos comentarios de esos personajes parecían tratar de hacer el famoso damage control a lo que sabían que sucedería en algún momento y que ya habíamos advertido: la malversación de la Ayuda Humanitaria y el Cucutazo.

Lo que más indigna a los ciudadanos es que con numerosas falacias esos seres del olimpo intelectual tratan de hacer tolerable lo que a muchos nos parece una sarta de actos amorales.

En este sentido, debemos comenzar por aclarar de forma sencilla, ¿qué es la moral?

Muchos estudiosos la han definido a lo largo de la historia, pero el más conocido es Aristóteles, quién se refirió a ella como “el hábito adquirido por la repetición de actos para elegir y ejecutar el bien honesto, consistente en el medio que se aparta de los extremos viciosos…”

Con esta definición tan antigua vemos al hombre como un ser capaz, por naturaleza, de hacer el bien, igualmente debemos entender su capacidad para ejercer actos malvados, y aunque debatir este tema -apasionante por demás- no es lo que me ha hecho escribir hoy, sí quiero hacer énfasis en que la moral reúne un conjunto de reglas que pautan el comportamiento ético, es decir, se trata de la transparencia y la honestidad de los seres humanos manifiesta no solo en la vida cotidiana, sino en el ejercicio de su ámbito laboral, sobre todo cuando se habla de servidores públicos.

Chavistas rojos y azules

Foto: Rayner Peña/EFE; vía El Tiempo.

Los ciudadanos venezolanos vemos con estupor la cantidad de recursos robados a la nación a través de una red casi impenetrable de corrupción, que ha corroído las bases de nuestra sociedad. De esta forma llegamos a la conclusión: chavista es chavista donde se pare, sea rojo, azul, enchufado o desenchufado.

¿Por qué digo esto? A ver, recordemos de qué se formó el chavismo: de todos aquellos adecos y miembros de partidos relegados durante la llamada Cuarta República, todos esos que nunca pudieron disfrutar bien de las mieles de la corrupción política de la «época democrática en Venezuela». Si bien es cierto que la rapacidad de los de la cuarta era más disimulada que la de los actuales, tampoco eran mejores.

¿Qué opción tenemos?

Toda persona racional debería estar de acuerdo con que «todo acto de corrupción debe ser condenado y nunca aceptado». Sin embargo, el relativismo moral de muchos políticos que se llaman opositores, y su caterva de intelectuales e influencers, es “nivel Dios”. Así, los ciudadanos de a pie estamos en el medio de dos malas opciones, todas socialistas, que acusan de rancia derecha a quienes no les aplaudimos sus desaciertos y crímenes.

Estamos entre los chavistas rojos, quienes cual enjambre de langostas, tipo relato bíblico, han acabado con todo a su paso, destruyendo a una nación, y cuando digo nación me refiero a su territorio, riquezas y gente; y también estamos entre los chavistas azules, conformados por los vestigios de la cuarta y una nueva generación heredera de todos los vicios de dinosaurios como Henry Ramos Allup, Claudio Fermín y Eduardo Fernandez “El Tigre”.

Estos últimos en una eterna mutación que les permite convivir y enriquecerse con el poder de turno y hacerse pasar (de forma torpe e inútil) como «oposición», pues dicen adversar pero frenan todo intento certero de acabar con el régimen.

Siempre he insistido en esto, nuestra “oposición” no quiere ascender al poder, se encuentra en su zona de confort, conviviendo con el régimen chavista ¿Por qué hacen esto? Por dos razones básicas:

1. Tienen negocios tipo Derwick, Odebretch, Camimpeg… sumamente lucrativos con el régimen.

2. Desean que, de darse la salida del chavismo (escenario no tan deseable), sean ellos la opción con su «socialismo light» corrupto de cuarta, que ascienda al poder para continuar el círculo vicioso junto a ciertos chavistas originarios.

¿Madurismo?

Foto: AFP; Vía Semana

Para completar, tenemos a esos que hablan de madurismo para lavarle la cara al chavismo, como si no hubiese sido Chávez la semilla que germinó y devoró al país entero con su corrupción que involucra a actores de lado y lado, y su populismo que se cierne a las clases más pobres del país.

Todos esos que hablan de chavismo disidente no son más que cómplices desenchufados del régimen chavista. Señores, no existe el madurismo, existe chavismo, fragmentado, sí, pero todos adoran al mismo ser: Hugo Rafael Chávez Frías; son socialistas y adoran también a Fidel, al Ché Guevara y a Allende.

En Venezuela pareciera que está bien haberse volteado, así hayas sido cómplice de crímenes atroces, pero aparentemente no está bien haber adversado siempre al chavismo en todas sus formas, y ¿saben por qué sucede esto último? Porque no estamos dispuestos a seguir teniendo socialismo, ni en su «versión light»

NO aceptamos a corruptos, ni a antiguos cómplices del chavismo. Queremos un modelo distinto al usado desde hace décadas. NO caemos en engaños, NO somos manipulables, decimos NO al relativismo moral de los políticos.

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