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El discurso político y su importancia

Para cualquier persona que busque en la superautopista de la información – Internet – un concepto de la palabra discurso, se le presentará una gran cantidad de opciones para elegir aquella con la que se sienta más identificado, no obstante, y entendiendo que siempre existirá en la mente una percepción original y básica, para los efectos del presente escrito acordaremos, usted estimado lector y yo su servidor, que un discurso es un conjunto de palabras estructurado, por lo menos conscientemente, con el objeto de transmitir de forma generalmente pública, mas no excluyente del ámbito privado, un mensaje en el que se exterioriza un asunto sobre el cual el emisor quiere informar, entretener o convencer a los receptores: y es allí, en este tercer verbo, “convencer”, donde se evidencia la gran importancia del discurso político como táctica para el manejo de las  tendencias electorales.  

“Discurso” tiene su origen en la voz latina “discursus”, la cual se compone por el prefijo “dis” que alude a “separación, divergencia”, más la palabra “cursus” – carrera, camino, ruta, origen que lleva a concluir que dicha estructura puede valerse de los recursos idiomáticos directos e indirectos que sean necesarios para lograr su objetivo: de esa manera, formas y tipos de discurso permutan en las combinaciones que sean necesarias, con tal de lograr la intención que justifica su elaboración y presentación.

El discurso político

Ahora bien, en este punto de encuentro para construir la nueva política nos preguntamos: ¿y el discurso político?, ¿Qué pasa con él?

Personalmente, no creo que exista hoy día algún país cuyos habitantes no digan que sus políticos esencialmente “lo que hacen es hablar”: esto pareciese ser un estigma de origen que existe desde que se presentó el primer gestor público ante un grupo de gente para promover su modelo de actuación para resolver los problemas comunes.

No obstante, es necesario honrar el concepto por la gran trascendencia que tiene dentro de cualquier modelo electoral, por lo tanto, convengamos: un discurso político es un conjunto de palabras estructurado, con el objeto de transmitir un mensaje de contenido eminentemente público-social, donde se expresan de manera inteligente datos, crónicas, elementos de información general y  propuestas de acción, entre otras cosas, a un grupo de receptores con la finalidad de influir sobre ellos de manera conveniente al emisor en un escenario político determinado.

Lo anterior suena y se percibe mucho como “palabra dicha”, pero a estas alturas del siglo XXI hay nuevos elementos que han ingresado al escenario y han transformado el discurso político, no tanto en el objeto que lo justifica, sino en la forma en la cual se presenta.    

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¿Qué ha cambiado del discurso político tradicional al discurso político actual?

“Si quieres que hable durante una hora estoy listo hoy. Si quieres que hable durante unos minutos necesitaré unas semanas para prepararme.” –Mark Twain

En un mundo interconectado se ha redimensionado casi totalmente la forma de comunicarse entre las personas: hoy día, casi no enviamos mensajes, ¡casi todos enviamos y recibimos hipermensajes!, entidades de información que están normalmente integradas por letras, sonido, imagen o una mezcla de los tres recursos.

Las personas conversan en vivo a través de grandes distancias y para ser reiterativos en sus argumentos, si desean, pueden enviar – en vivo- imágenes (estáticas o en movimiento), textos y paquetes de audio, para dejar una impresión más solida y duradera en el “interlocutor” de lo que desean expresar. No obstante, esto, cuando se hace en vivo, no da pie a mucha planificación. Entonces, ¿qué debería ocurrir con el discurso político, el cual necesariamente debe ser una estructura de información estratégica y detalladamente elaborada?

El discurso político debería ser siempre un hipermensaje (como protocolo de comunicación técnicamente hablando) el cual casi siempre debiera enviar un metamensaje: un contenido que permita la conexión del receptor con temas subyacentes, insertados estratégicamente con el objeto de enriquecer la experiencia de la comunicación entre el emisor y el receptor, alineando al último con la propuesta. Y es aquí donde el discurso político debe poseer quizás su mayor poder, porque el discurso político busca mover a la acción, materializada normalmente en la expresión del voto, y se ha demostrado que pedir esto en forma expresa no causa mucho efecto.  De todo esto pudiera concluirse, entonces, que ya no se debe hablar del discurso, sino del hiperdiscurso político con metamensaje político.

Los elementos del discurso

Preparar una presentación sin el público en mente es como escribir una carta de amor empezando con: “A quién pueda interesar”. –Ken Haemer.

Los ingredientes del discurso político no han cambiado mucho en los miles de años de historia humana: lo que ha cambiado es la forma de combinarlos y presentarlos al electorado. En un mundo como el actual, donde una persona común y corriente puede ser leída por miles, incluso millones de personas, hilvanar un discurso político convincente requiere de un talento combinado de personas que impulsen al mensajero, sea el candidato o un representante del partido del candidato, a presentarlo con la precisión y el tino que se necesite para lograrlo; lo anterior obliga a mezclar la política con la mercadotecnia. Hay que vender ideas para comprar votos. En verdad, se lee y se comprende fácil, pero es más denso de cómo se presenta.

Actualmente, es recomendable que el discurso político esté integrado por un mínimo de siete elementos básicos para elevar la atención e impulsar la empatía:

1- La doctrina del partido, 2- los valores sociales que el partido defiende, 3- la actitud de servicio público de los representantes del partido, 4- datos e historias que exalten la figura del representante electoral del partido, 5- información sobre proyectos y acciones del partido cuando se encuentre en el gobierno, 6- información sobre eventos donde el partido interactúa con el electorado, y 7- elementos de la agenda personal de los representantes del partido.

Cuidado: esto no es una receta que requiere de todos los ingredientes cada vez que se prepare, de hecho, estos no son necesariamente todos los ingredientes de la receta: dependiendo del escenario y la intención, se agregan o quitan elementos para impulsar la estrategia política.  

El discurso y la era digital

Interconectados, el electorado es a la vez investigador, juez y verdugo (si hubiere al caso) de los errores cometidos privada y públicamente por el candidato o el representante del partido, valorando la distancia entre las conductas mostradas y el contenido del discurso, impactando de manera favorable o desfavorable la intención del voto, lo que hace necesario, más que nunca, talento técnico para el manejo de la agenda comunicacional para presentar, de ser posible impecablemente, un hiperdiscurso que evoque en el corazón y la mente del electorado pensamientos (insights) orientados a formarse una opinión positiva el emisor.

Muchas personas, de manera errónea, creen que por “saber” escribir tweets y poner imágenes en las redes sociales, dominan esta dimensión técnica del mensaje político: no pueden estar más equivocados. Allí es necesaria la ayuda y el asesoramiento de profesionales del marketing político y de la comunicación digital, entre otros, porque los elementos actuales del hiperdiscurso político trascienden a la mera doctrina y abordan la dimensión empática, emocional e inclusive espiritual, debido al avance de la tecnología en la disponibilidad de recursos de expresión.

Concluyendo

“Siempre hay tres discursos por cada discurso que das: el que practicaste, el que diste y el que te hubiese gustado dar.” –Dale Carnegie.

Se puede afirmar con seguridad que el discurso político es protagonista de la táctica política, dependiendo del esfuerzo que se dedique a impulsar su calidad, el comportamiento de las tendencias grupales en el escenario se moverá a favor, en contra o se mantendrá indiferente. De los tipos de discurso, del manejo de contenidos, así como de algunos discursos políticos que merecen ser tomados como referencia, promete este servidor conversar en una próxima entrega.  

Si usted pertenece a un equipo de operadores políticos para impulsar una candidatura o propuesta política, vea lo que he intentado explicar sobre la importancia de abordar la dimensión estratégica del discurso político con la experticia técnica necesaria: eso asegurará un impacto profundo y positivo en el electorado y permitirá la conducción de una campaña realmente sana. Se lo reitero, en estas cosas no improvise y, si no sabe, siga este sano consejo: busque ayuda profesional.

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