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La relación entre la guerra y la paz.

Los estrategas militares Qiao Liang y Wang Xiangsui definieron en 1.999 el fenómeno bélico más allá de las normas vigentes, debido a los cambios sociales y los avances tecnológicos que habían producido una brecha entre lo establecido y lo existente. Entonces, ¿Qué es la guerra? La obvia relación entre la guerra y la política se esclarece aún más en este artículo, a través del examen de la semántica del término, su teología subyacente y su estética trascendental.

La semántica del conflicto

Si bien nos anclamos en conceptos como polemos o bellum, lo cierto es que no conocemos el verdadero origen de guerra. Solo sabemos que ambos se remontan a la lengua sánscrita. Ahora, si consideramos lo que denotaban, nos encontramos con que en latín bellum era “duelo de dos”. Este duelo requería de un acuerdo para iniciarlo y para cesarlo, y unas reglas para llevarlo a cabo. La palabra polemos también tenía la misma acepción. La pérdida de consistencia de estas palabras vino aparejada con el declive de las civilizaciones que las emplearon. ¿Cómo “bello” pasó a denotar otra cosa? Creemos que la clave está en el término “proporción”. Con el fin del imperio romano en Occidente, se perdió la forma de combatir, y así bellum cayó en desuso, quedando en su lugar la palabra “guerra”, que denota, tanto un estado, como los actos que de ese estado de inseguridad se produjeran.

Al tratar de dilucidar una semántica del conflicto, vemos que el impacto de este concepto obedece a su correspondencia con un estado generador de angustia, de miedo, por su carácter imprevisible y porque remite al terror. Es lo que nos ha hecho asociar las palabras “guerra” y “terrorismo”, permitiéndonos a su vez afirmar que bellum (terrorismo) es el acto que se realiza en un estado de guerra (werra).

La teología de bellum

Una de las palabras empleadas para describir el conflicto violento es “daño”, que será deliberado: perjuicio sobre hacienda, persona u honra. Esta proviene del latín damno que significa condenar (cum damnar), es decir, declarar culpable judicialmente a alguien e infringirle en consecuencia un daño proporcional. Luego pasó al castellano en doble forma: como damno (“condena, pena y castigo eterno a los condenados al infierno”) y como daño, en el sentido en que habitualmente la usamos. Nos interesa destacar la conjunción religiosa, jurídica y habitual del término “daño”, por sus aspectos morales y rituales, puesto que en su argumentación originaria se condena y se hace de la agresión un acto benéfico a partir de la invocación de lo divino, que justificaría la retaliación. La invocación está relacionada con quién puede ejecutar una condena y qué causas la justifican: iustum bellum.

En cuanto a la teología de bellum, nosremitimos a San Agustín, quien afirmaba que este era justo porque era la lucha contra el pecado, contra los que cuestionaban el orden de Dios. Santo Tomás de Aquino, en un contexto de cambios sociales, consideró que para que bellum fuese justo tenía que cumplir con tres condiciones: ser emprendido por un príncipe, deberse a una causa justa (responder a una injuria) y promover el bien o evitar el mal. Finalmente, el jurista neerlandés Grocio (S. XVII) expresó que bellum era “el estado de los que combaten por la fuerza”. Para que la guerra fuese justa se requerían dos cosas: que se hiciera entre comunidades políticas y que se cumplieran ciertas formalidades. En este marco se suscribe el Tratado de Paz de Westfalia, que consideró ese acto como estado para producir un cambio político.

Al extenderse el orden de la Paz de Westfalia por todo el mundo, la noción de bellum ocultó las concepciones y formas de los pueblos dominados generando, en consecuencia, un doble solapamiento que hizo del conflicto violento algo inconmensurable.

El conflicto violento y el juicio estético

Ahora bien, recordemos que la proporcionalidad permite la mesura. Haciendo un juicio estético del conflicto violento, el problema se presenta cuando bellum impide la valoración, como ocurrió, por ejemplo, con los conflictos generados por la revolución francesa. El teórico prusiano sobre ciencia militar, Clausewitz, trató de encontrar un mecanismo de mesura frente a la “guerra revolucionaria”. Pero la desmesura se extendería por dos caminos: por la vía revolucionaria que llevarían a cabo Marx y seguidores, y por la Revolución Industrial con el desarrollo de armamento letal. La confluencia de estas formas de desmesura acaeció en el siglo XX con el agravante de que los ocultamientos salieron a la luz por la crisis del orden westfaliano, en un contexto signado por la revolución tecnológica actual.

La desarmonía de los contrarios

Si “guerra” es un estado de terror donde la violencia deliberada puede hacerse presente, y bellum son los actos de terrorismo que provienen del sinfín de maneras de hacer daño deliberado, la realidad históricamente ha sido expresión de la vivencia, en un contexto caracterizado por el movimiento armónico de los contrarios: bellum y paz.

Esta desarmonía de los contrarios se ha producido porque, además de ese actual cúmulo de modalidades de daño, observamos una deriva hacia la supresión del ambiente de vida, que se está constituyendo en el modo en que el estado de terror promueve nuevas maneras de entender la política.

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