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Trump-Biden: relevancia de principios políticos

Cada nación tiene referentes luminosos y grandes ensayistas en su acervo histórico capaces de orientar la dirección sociopolítica. Los estadounidenses cuentan con los ‘Padres fundadores’, la generación independentista, cuyo grupo más influyente redactó El Federalista, constituido por 85 artículos de prensa publicados entre 1787 y 1788 por James Madison (4º presidente), Alexander Hamilton (secretario de George Washington) y James Jay, prominente abogado de New York. El conjunto de reflexiones de este texto fundamentó la fortaleza democrática de los Estados Unidos hacia lo interno de la sociedad, pudiendo haber dedicado sus esfuerzos hacia lo externo mediante la consolidación de un poderío económico y militar. En este post intentamos ver la relevancia de los principios políticos en las propuestas de Biden y Trump.

Populismo & postverdad

¿Es una condición social ineludible en cada nación alejarse, generación tras generación, de la fuente luminosa de sus ideas primigenias? Por los discursos de los candidatos a las recientes elecciones de USA, Trump y Biden, pareciera que ocurre un alejamiento de la acción política genuina en ese país.La propuesta de Trump puede denominarse “populismo nacionalista” y la de Biden“posverdad progresista”.

El populismo nacionalista está caracterizado por los sesgos de conservadurismo y de resultados, pues está constituida por la siguiente postura:

  • Nación privilegiada sobre el Estado
  • Unidad por reconocimiento de las semejanzas históricas
  • Compromiso con la historia descontextualizada
  • Regulación regida por derechos económicos
  • Estado como medio para validar fines

La posverdad progresista de Biden presenta el sesgo proinnovación, pues su postura asume:

  • Sociedad privilegiada sobre el Estado
  • Unidad por reconocimiento de las diferencias discriminadas
  • Compromiso de constituir el contexto futuro
  • Regulación regida por derechos sociales
  • Estado como fin para validar los medios

Ambos asumen el pragmatismo (conservador y liberal, respectivamente) y la preeminencia geopolítica de los Estados Unidos, cuando la presencia de China, al menos, ha estado interrogando ese supuesto.

La acción política genuina no es el mero resultado de una opinión consensuada, que expresa la falacia “opinión de la mayoría”, y la decisión política falla cuando es guiada por la mera sensibilidad. La política auténtica tampoco es el resultado de un juego de poder, o “realismo político”, postura carente de una ética relativa a la permanencia de la libertad. La política legítima emerge del respeto a la historia y a cultura sin convertirse en tradicionalismo, se articula a la constitución de la convivencia fundamentada en la doctrina de los derechos humanos y se estructura para ampliar las posibilidades del ejercicio de las libertades sustantivas, tanto de la generación actual como de las futuras.

Una concepción ética-política integradora

Presentamos algunas ideas/fuerzas del artículo X de El Federalista, escrito por James Madison.Son orientadoras para tener una concepción ética-política integradora, respecto al papel esencial del gobierno y la naturaleza genuina de la representación política:

El papel esencial del gobierno

El papel esencial del gobierno es proteger a los individuos, a pesar de que los sentimientos y opiniones dividan a la sociedad en diferentes intereses. Ellos sustentan la emergencia del “espíritu de partidos” o facciones. Se entiende por facción: “cierto número de ciudadanos, estén en mayoría o en minoría, que actúan movidos por el impulso de una pasión común, o por un interés adverso a los derechos de los demás ciudadanos o a los intereses permanentes de la comunidad considerada en conjunto” (X: 36). Si el espíritu de partidos se expresa en la legislación, ella será necesariamente parcializada. El problema, entonces, radica en llegar a conformar una legislación imparcial, papel primerísimo de la justicia, protegiendo a las facultades humanas, es decir, a los individuos.

Las facciones pueden controlarse por dos vías: suprimiendo sus causas o limitando sus efectos. La primera supone una modalidad coercitiva sobre la esencia de la naturaleza humana, que negaría el respeto al derecho sagrado de la libertad individual expresada en la pluralidad de opiniones. Por ello, “las causas del espíritu de facción no pueden suprimirse…el mal solo puede evitarse teniendo a raya sus efectos” (X: 38). La solución la“proporciona el principio republicano que permite…frustrar los siniestros proyectos…mediante una votación popular”.

Evidentemente, para que una facción pretenda encarnar los intereses de la nación es necesario que sea mayoritaria. Una facción minoritaria es capaz de convulsionar a la sociedad y entorpecer la administración, pero podrá ser contenida institucionalmente por el principio republicano de la votación regular, que expresa la voluntad de la mayoría. Pero si la mayoría es facciosa puede imponer su voluntad. ¿Qué hacer, entonces? Comprender que la política requiere de un espíritu ciudadano vigilante sobre el gobierno y quienes lo ejercen, es decir, los representantes.

Características políticas de los representantes

Las características políticas de los representantes las expresa Madison así: “un grupo escogido de ciudadanos, cuya prudencia puede discernir mejor el verdadero interés de su país, y cuyo patriotismo y amor a la justicia no estará dispuesto a sacrificarlo ante consideraciones parciales o de orden temporal”(X: 39).

Los representantes expresan la “voz pública…más en consonancia con el bien nacional que si la expresara el pueblo mismo, convocado con ese fin”.Ellos son capaces de discernir el “verdadero interés” del país y su acción queda institucionalizada a través de mecanismos de control de la autoridad: el balance de poder entre Ejecutivo, Legislativo y Judicial, en combinación con el “cuarto poder”, la opinión pública expresada mediante los medios de comunicación social.

Elecciones de USA: dos preguntas guía

Las recientes elecciones presidenciales estadounidenses nos revelan preguntas guía para un genuino debate público orientador de los destinos de una nación:

1)¿Cómo fortalecer de manera justa, es decir equitativa, el balance de los poderes?

2¿Mediante cuáles mecanismos imparciales pudiésemos contar con representantes genuinos?

Ambas interrogaciones están dirigidas a los principios políticos fundamentales de cualquier nación que aspire a un desarrollo político institucionalizado y sostenible.

Por | Julia Alcibíades Ph D en Ciencias Políticas y Ph D en Ciencias Sociales Coautor | Ing. Jesús Armando Valoz, Ingeniero Civil. Esp. en gestión y planificación de proyectos de desarrollo territorial e infraestructura.

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