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NO HAY SORPRESAS EN CHILE

Finalmente sucedió. Las apuestas por uno y por otro ya consiguieron respuesta. Chile eligió un nuevo presidente en segunda vuelta y tomará posesión de su cargo el 11 de marzo del año entrante. El ciclo de Piñera culmina y comienza el de Boric. Tomando en cuenta que la mayoría de las encuestas reflejaban que era el favorito en esta contienda, podríamos decir que no hay sorpresas por aquellos lados. Si pudieron revisar algunos sondeos días atrás, apreciarán que así fue. Así que no hay sorpresas en Chile.

En las próximas líneas, tendremos oportunidad de desarrollar varias ideas en torno a este proceso de balotaje. Del mismo modo, escudriñaremos un poco lo que podría depararle el futuro cercano a los vecinos del sur con su nuevo jefe de Estado.

¿Cuán novedoso puede ser?

Noticia de primera plana en los cuatro puntos cardinales: el izquierdista Gabriel Boric derrota al conservador José Antonio Kast en Chile. Una de las sociedades más desarrolladas de Latinoamérica se decantó por un joven que promete cambios significativos en su país para que conforme un nuevo gobierno en su nombre. Habíamos dicho que el resultado no fue sorpresa alguna para quienes revisamos los estudios de opinión previamente pero, ¿cuán novedoso puede ser?

Con solo 36 años de edad, será el presidente más joven del país, el primero nacido después del golpe de Estado ocurrido en 1973, el primero en pertenecer a la generación milenial y hasta ahora el más votado en la historia del país sudamericano. Aunado a ello, recibe el cargo en pleno proceso constituyente y representa una ruptura respecto al gobierno saliente, presidido por Sebastián Piñera Echenique. Sin duda es un torbellino de cambios.

A pesar de que los chilenos ya hayan vivido gobernados bajo líderes progresistas en el pasado —como Salvador Allende o Michelle Bachelet— y si bien no hubo motivos para sentirnos sorprendidos con los resultados del 19 de diciembre, pudiera pensarse que es novedoso para el actual contexto chileno.Además de la descripción del párrafo anterior, Boric aspira ser un presidente con ideas drásticas en un país con cierto nivel de vida que tiende a rechazar la agitación. Una combinación bastante peculiar que indica una de las dificultades a la cuales se enfrentará el nuevo presidente.

El cambio no siempre es para mejorar

La política no consiste simplemente en luchar por el poder, como sugieren varios de los clásicos. También hay que considerar la búsqueda del bien común que plantearon los antiguos griegos. Dentro de esta última, es válido apoyar el cambio político, económico o social alguna vez. Todas las sociedades requieren reformar algo con cierta frecuencia para mejorar sus condiciones de vida. No obstante, también debe destacarse que ese cambio anhelado no siempre es para mejorar.

En realidad, situaciones como estas suelen ser antecedidas por un momento de incertidumbre. Aún más si estas promesas son tan rotundas. Tampoco es menester resistirse a las transformaciones, pero casi siempre es difícil vaticinar cómo acabarán las cosas al comenzarlas. Por esa misma razón, Gabriel Boric moderó su propuesta en la segunda campaña. Igualmente sucedió con José Antonio Kast. Echarle leña al fuego a esa falta de certeza que todo cambio conlleva no parecía buena idea. Al tratarse de polos claramente opuestos, ambos generaron temor en una buena parte del electorado que no votó por ellos en primera vuelta, tratando de sumar a su causa a los simpatizantes del centro.

Un Congreso fragmentado en medio de la polarización

No dejemos de lado que Chile estrena nuevo parlamento, así como su presidente. El día de la primera vuelta, los votantes se encargaron de elegir a veintisiete senadores y 155 diputados distribuidos en todo el país, configurando de manera distinta la correlación de fuerzas políticas como se venían desempeñando hasta ahora. Cuentan con un Congreso fragmentado en medio de la polarización.

De antemano, esta legislatura enfrentará varios retos difíciles de sortear. En primer lugar, el nuevo mandatario debe procurarse el respaldo de su propia coalición política. Tomemos en cuenta que el grupo de partidos que lo llevaron al poder son de izquierda, pero de corrientes distintas. Además, muchos de ellos se unieron únicamente con el propósito de evitar el triunfo de Kast y no por aceptación a la propuesta de Convergencia Social.

Por si fuera poco, Gabriel Boric no cuenta con la mayoría dentro de ambas cámaras. Le espera un Senado con serias divergencias internas y una Cámara de Diputados muy dividida entre partidos, alianzas frágiles y facciones. En este caso, le corresponderá negociar cualquier programa político o proyecto de ley con otros bandos —incluyendo posiblemente a varios de sus más férreos opositores— si quiere contar con el piso político del poder legislativo y brindarle algo de estabilidad a su administración.

Este proceso podría echar por tierra parte de su proyecto para Chile: uno que recoge muchas de las demandas de las protestas suscitadas desde 2019 exigiendo mayor igualdad. Una visión radical tomando en cuenta la historia reciente del país en torno al libre mercado y el orden republicano. Para la aprobación de algunas iniciativas, necesitará el apoyo de algunos que lo adversan y realizan propuestas en una dirección totalmente distinta.

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