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LA INELUDIBLE FRAGMENTACIÓN PARTIDISTA EN COLOMBIA

La República de Colombia tuvo elecciones parlamentarias hace poco y le siguen unas interesantes presidenciales. Cuando se hayan concretado, las autoridades nacionales habrán sido renovadas en su totalidad. Mientras tanto, nos corresponde llevarle el pulso al sistema electoral y la ineludible fragmentación partidista en Colombia —y en concreto, en el seno de su legislatura—.

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En las próximas líneas, realizaremos una pequeña descripción de las principales organizaciones políticas y alianzas electorales en el país andino. En menor medida, serán presentadas algunas consideraciones sobre las presidenciales.

Hablamos de “los que siempre han estado ahí”

Colombia, al igual que los demás países latinoamericanos, contiene organizaciones tradicionales dentro de su sistema de partidos. La mayoría de los gobiernos del siglo pasado pertenecieron a alguno de ellos. Para este caso en particular, liberales y conservadores se disputaron el poder desde el siglo XIX y hasta principios del nuevo milenio. Aunque parezca que su influencia sobre el electorado se torna cada vez más irrelevante, se debe mencionar que continúan en el ruedo político. Hablamos de “los que siempre han estado ahí”.

Desde la llegada de Álvaro Uribe Vélez al Palacio de Nariño en 2002, los aludidos partidos perdieron esa conexión indispensable con la población para lograr los anhelados triunfos en las urnas, convirtiendo a Andrés Pastrana Arango (1998-2002) en el último presidente que perteneció a uno de ambos —al Conservador, para ser precisos—.

Pues bien, ninguno de los dos desapareció de la vida política nacional, conservando algunas gobernaciones departamentales y escaños en las cámaras legislativas durante el último par de décadas. Y este 2022, exactamente veinte años luego, han obtenido uno de los mejores resultados legislativos de lo que va del milenio, quedando los conservadores en el segundo lugar y los liberales en el tercero. De hecho, el último proceso comicial con ese mismo orden fue el de 2010. Es decir, llevaban doce años sin llegar a ocupar cualquiera de los dos la segunda bancada más grande del Congreso.

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Del mismo modo, las organizaciones que han conformado los gobiernos de estos veinte años han caído estrepitosamente. El Centro Democrático —del presidente Duque, actualmente en el cargo— bajó del primer al quinto lugar entre 2018 y 2022 con apenas el 10% de los votos. A su vez, el Partido de la U —del ex presidente Santos— se acercó al 9% de los sufragios, quedando desplazado hasta el séptimo puesto. Primero Colombia, del ex mandatario Uribe, se disolvió en 2010. De modo, pues, que el Pacto Histórico se enfrenta, principalmente, a los partidos tradicionales y a un cúmulo de minorías.

También tenemos otros no tan nuevos

Sin embargo, estas palabras se quedarían cortas si dejásemos por fuera al Pacto Histórico y al Equipo por Colombia, las dos coaliciones que aparentemente liderarán la intención de voto presidencial. Al segundo de ambos pertenecen actualmente los dos partidos tradicionales neogranadinos; y el líder del primero lleva casi treinta años incursionando en política. De modo, pues, que también tenemos otros no tan nuevos —aunque lo parezcan— en la contienda, y posan su mirada fija directo al palacio de Nariño.

De antemano, el Pacto Histórico aglutina diferentes corrientes de la izquierda y organizaciones defensoras del progresismo; su aspirante presidencial es el senador Gustavo Petro, quien fácilmente llevaría la delantera en la primera vuelta, según sugieren los sondeos de opinión. A su vez, el ex alcalde de Medellín, Federico “Fico” Gutiérrez reúne junto a su partido —Creemos Colombia— al Equipo por Colombia, un grupo de organizaciones de centro y de derecha, quedando la posibilidad abierta de triunfar en una segunda vuelta. Otras agrupaciones con una cantidad importante de votos podrían ser la Liga de Gobernantes Anticorrupción (LIGA) y el Partido Verde Oxígeno, siendo ambos centristas y liderados por Rodolfo Hernández e Ingrid Betancourt, respectivamente.

La complejidad de las minorías

A este interesante panorama debemos sumar la complejidad de las minorías. En el Senado, de los ciento ocho miembros, cien fueron elegidos por la circunscripción nacional de siempre, mientras que los ocho restantes provienen de grupos sociales muy específicos dentro de la sociedad colombiana: dos indígenas, cinco del Partido Comunes —antigua FARC— y el candidato presidencial que ocupe el segundo lugar el 20 de mayo o el 19 de junio. A su vez, para la Cámara de Representantes, veintiséis de los ciento ochenta y ocho cumplen con esa condición: dos afrodescendientes, un indígena, uno de la circunscripción internacional, dieciséis por las circunscripciones transitorias especiales para la paz, cinco para el Partido Comunes y otro para el candidato vicepresidencial que ocupe el segundo lugar en la venidera primera o segunda vuelta presidencial.

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Por ese mismo motivo, este artículo lleva ese título. Muchos sistemas electorales procuran beneficiar a las mayorías, tratando de dejar por fuera a las minorías. Colombia no. Más bien, como ya pudimos apreciar en el párrafo anterior, sin conocer sus nombres ni apellidos, ya sabíamos antes de los comicios el número exacto de miembros que ciertos grupos sociales llenarían en el nuevo Congreso. Harán vida política en esa instancia junto a los partidos más votados, resultando de esta práctica dos cámaras tan plurales como fragmentadas.

Con unas elecciones nacionales —presidenciales y congresales— por concluir, así se encuentra conformado el sistema de partidos políticos vigente en Colombia. Unos tradicionales muy presentes que han perdido su peso electoral estos casi veinte años y otros «nuevos» que hasta ahora pareciera que no tienden a consolidarse con el paso del tiempo. Finalizando, cabe destacar que ninguno de los mencionados ostenta la mayoría en ambas cámaras legislativas, lo cual hará de la labor ejecutiva un proceso de continua negociación y choque de intereses.

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