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Latam, la historia se repite

Siempre he insistido, debemos conocer la historia para saber qué nos ha hecho llegar al punto donde estamos; debemos estudiarla de forma racional, apegados a la verdad, sin sesgos, porque cuando caemos en ello corremos el riesgo de no asimilar los hechos, sus dimensiones y consecuencias en nuestras sociedades.

Hay que recuperar, mantener y transmitir la memoria histórica, porque se empieza por el olvido y se termina en la indiferencia. José Saramago

Al observar la historia he notado que eso que llamamos izquierda siempre ha trabajado a mediano y largo plazo, en este aspecto Antonio Gramsci dijo:

“La conquista del poder cultural es previa a la del poder político y esto se logra mediante la acción concertada de los intelectuales llamados orgánicos infiltrados en todos los medios de comunicación, expresión y universitarios”.

Entonces, la izquierda entendió que el camino de ascenso al poder y dominio del mundo no era a través de la revolución violenta marxista, sino con paciencia, método, persistencia, estrategia y organización.

Información, aquí.

Esto nos trae al presente: un mundo en el que los medios de comunicación posicionan matrices de opinión en la consciencia colectiva, y nuestros jóvenes se forman en sistemas educativos que los condicionan a pensar que ser de izquierda es bueno y ser de derecha es fascista.

Nos encontramos con sociedades que consumen cápsulas informativas que buscan reforzar ese condicionamiento implantado desde la escuela y la universidad, donde nos presentan a un Ché Guevara “justiciero” y a grupos guerrilleros (FARC y ELN) como interlocutores válidos para ser incorporados a la vida política de un país, luego de décadas de violencia en contra de civiles.

Colombia es el país de origen de mis padres y también mi patria, durante mi vida reforcé los lazos que me unen a ella, pues considero que debemos preservar nuestro origen y ser conscientes de él para poder mirar al futuro.

En una visita corta a Colombia, montada en un Uber, el conductor al notar mi acento me preguntó sobre Venezuela (mi patria de nacimiento y crianza), la realidad que vivimos, el sueldo mínimo, la escasez de medicinas, la violencia, el costo de la gasolina, la crisis política, en fin, un largo etc.

Ante sus dudas y viendo lo que pasaba en América Latina, me vi en la obligación moral de explicarle de forma concisa lo que durante décadas hemos vivido sus vecinos.

Una dosis rápida de pasado y presente

Intenté explicarle lo que pasaba, cómo el socialismo había destruido al país, separado familias y arruinado a la economía más prospera del continente, y  porqué los países de LATAM debían apoyar a Trump para acabar con el régimen chavista (sin caer en explicaciones académicas o complicadas); además, le hablé de la existencia del Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla, que eran iniciativas destinadas a perpetrar de diversas maneras el ascenso de la izquierda al poder y, donde no pudiesen, entonces generar caos para lograr su objetivo, como sucedió en Venezuela desde el Caracazo de 1989.

Organizar las ideas para hacerle entender en diez minutos que desde Cuba se planificaba tomar por asalto las economías más estables de nuestra región y que desde Venezuela salían los recursos para ello, que operan como un grupo criminal transnacional organizado con ideología potable a muchos sectores que no están conscientes de su peligrosidad no fue fácil.

Ante esto, el comentario del conductor fue que los políticos decían que se desataría una guerra mundial si se metían con el chavismo y Maduro; mi respuesta fue: ya existe una guerra hace décadas y estamos ante el inminente recrudecimiento de esta con la inestabilidad en otros países (algo que sucedió pocas semanas después).

Caso Colombia

No se me ocurrió más que compartirle un ejemplo palpable: las guerrillas desde hace muchos años usaban a Venezuela como aliviadero y fuente de recursos para sus operaciones criminales, por lo cual, mientras no se derrocara al régimen venezolano, Colombia jamás estaría a salvo ni tendría una democracia estable.

El chavismo, grupo que solo conoce la violencia y el crimen, lo ha dejado claro en múltiples ocasiones y el mundo entero no lo tomó en serio:

  1. Nunca se les podrá sacar del poder de forma democrática.
  2. El proyecto bolivariano es continental.

La región en riesgo

Ahora con varios países de la región en crisis de gobernabilidad presenciamos la casa de nuestros vecinos arder.

Veremos si los pocos políticos serios que tenemos deciden tomar cartas en el asunto de forma contundente o, por el contrario, dejan que esta escalada  consolide el ascenso de la izquierda al poder, con lo que se comenzaría un nuevo ciclo de oscuridad regional, con una Venezuela arrasada, un México presto a colaborar con la causa sumando numerosos recursos, y países que creíamos curados del populismo y socialismo repitiendo la triste historia venezolana.

Nuestros vecinos no pueden seguir en una burbuja democrática como respuesta a los retos actuales, ya que están experimentando las primeras consecuencias de mirar para otro lado mientras los civiles venezolanos advertíamos que la complejidad de nuestra crisis traería consecuencias graves para la región.

No sé si el señor de Uber me entendió, creo que, al menos, debe estar recordándome estos días.

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